Distinción entre bienes propios y bienes gananciales cuando se trata de participaciones societarias

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El doctor Héctor Costa realiza un desarrollo sobre la empresa familiar y la complejidad que se presenta a la hora de separar los roles, más aun cuando la relación es de pareja, teniendo en cuenta los efectos que se producirían ante la eventual separación de los cónyuges y la modificación de los derechos derivados de la relación conyugal dentro de la empresa familiar.

Héctor Costa

I – INTRODUCCIÓN

El crecimiento de las empresas organizadas en forma societaria, actualmente representa un alto porcentaje del desarrollo económico en nuestro país. Gran parte de estas empresas están constituidas por sociedades de familia.

Ante la creciente demanda de información y los últimos cambios incorporados en materia de legislación civil y comercial, es necesario analizar algunos de los aspectos más relevantes de la situación de los cónyuges dentro de una empresa familiar, su regulación en el nuevo Código y las diferentes situaciones que pueden acontecer dentro del derecho societario.

En relación a la definición de empresa familiar, será factible identificar una dualidad de realidades que se entrelazan, aportando cada una las características propias de su naturaleza, es decir, la familia y la empresa(1).

Es así que puede afirmarse la existencia de una empresa familiar “cuando los integrantes de una familia dirigen, controlan y son propietarios de una empresa, la que constituye su medio de vida, y tienen la intención de mantener tal situación en el tiempo y con marcada identificación entre la suerte de la familia y de la empresa”.(2)

II – DESARROLLO

2.1. Definición

Actualmente, la empresa familiar no se encuentra regulada como tal en el Código Civil y Comercial unificado, así como tampoco lo está dentro de ninguna legislación nacional, ni constituye un ejemplo específico dentro de las sociedades comerciales, si es pertinente decir que el nuevo Código incorpora al mundo jurídico ciertas normas para las empresas familiares.

Una empresa constituye en su origen una entidad con ciertos márgenes de complejidad, debido a que entre sus objetivos se encuentra la creación de valor a través de la producción de bienes y servicios.

La situación se vuelve aún más compleja si debemos sumar las individualidades de los miembros pertenecientes a una familia, no solo los parientes consanguíneos, sino, además, los políticos como es el caso de los cónyuges.

De esta manera, la empresa familiar se caracteriza por contener trascendentes valores económicos, sociales y éticos, lo cual genera importantes intercambios personales, a la vez que se encuentra sujeta a grandes riesgos y debilidades.(3)

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2.2. Roles

Refiriéndonos más específicamente al rol que pueden ocupar los cónyuges en la empresa familiar, es necesario puntualizar la dificultad a la hora de separar roles en este tipo de sociedades, más aún cuando la relación es de pareja.

Ya sea por el rol que se ocupa dentro de la empresa o en la vida familiar, siempre está presente la posibilidad de que se generen conflictos que traigan consigo la ruptura de la pareja, y por ende del matrimonio.

El rol de los cónyuges dentro de la empresa familiar es fundamental a la hora de que se susciten posibles conflictos. Uno de ellos, como señalamos, puede surgir a raíz del divorcio de algún miembro de la empresa familiar.

De esta manera, la eventual separación de cónyuges produciría diversos efectos en la empresa familiar. Del mismo modo se desarrollarán procesos que determinarán o modificarán los derechos derivados de la relación conyugal dentro de una empresa familiar.

El régimen legal del matrimonio, bajo la normativa de nuestro país, contempla que el anterior Código Civil propone un solo régimen de bienes en el matrimonio, aquel denominado de la sociedad conyugal o comunidad de gananciales.

Esto implicaba que todo lo adquirido durante el matrimonio debía dividirse en mitades al momento de su finalización, exceptuando, por supuesto, aquellos recibidos por herencia, legado o donación.

Así, la sociedad conyugal se componía por bienes propios de cada uno de los cónyuges y los bienes gananciales. Los bienes propios también eran parte de la sociedad, dado que el cónyuge no propietario tenía el uso y goce de ellos y los frutos gananciales(4).

Actualmente, el nuevo Código Civil y Comercial, trajo consigo la posibilidad de optar por un nuevo régimen, el de separación de bienes, es decir que estos se mantienen en el patrimonio de quien los adquiere.

Ahora bien, es necesario atender a las dificultades que se presentan a la hora de realizar una distinción entre los bienes propios de los bienes gananciales, más aún cuando se trata de participaciones societarias, acciones, dividendos, ganancias o ventas.

Iniciamos recordando que, actualmente, la legislación argentina permite optar por cualquiera de los regímenes, el de comunidad de bienes y el de separación.

El primero es aquel utilizado más comúnmente porque en muchos casos refleja de una mejor manera la voluntad de una sociedad matrimonial de sostener valores solidarios entre las partes, en este régimen se plantea una masa ganancial cuyo destino será la división en mitades iguales al momento de dividir la comunidad. Por su parte, dentro de la separación de bienes no existe una masa común divisible, por lo que cada cónyuge es propietario exclusivo de lo que adquiera durante la sociedad matrimonial.

2.3. Código contemporáneo

Lo que amerita particular atención es la posibilidad de elegir u optar por cualquiera de ambos. Se plantea así, el reconocimiento a la autonomía de los cónyuges mediante un sistema convencional que los habilita a elegir antes del matrimonio qué régimen de bienes es al que sujetarán sus relaciones patrimoniales.

El actual Código también expresa que, ante la falta de opción dentro de la convención matrimonial, ambos cónyuges quedan sometidos desde el matrimonio al régimen de comunidad ganancial. En su artículo 464 se enumeran cuáles son los bienes propios de cada cónyuge.

Por otra parte, los bienes gananciales serían los que conforman la masa común de los cónyuges, respecto de los cuales cada esposo tiene un derecho potencial sobre los adquiridos por el otro. Esto tomará cuerpo al liquidarse la comunidad, y los mismos se encuentran detallados en el artículo 465 del Código Civil y Comercial.

La masa ganancial está compuesta, así, por los bienes y las ganancias generadas durante la comunidad matrimonial. Existe mayor precisión para determinarlas cuando se trata de salarios, honorarios o alquileres, no así cuando son las ganancias producidas por una empresa, debido a lo que planteamos inicialmente respecto a que las empresas familiares no se hallan plasmadas en los estatutos que le dan origen. Dicha “masa ganancialse compone de manera determinada cuando alguno de los socios tiene participaciones accionarias o acciones de una sociedad anónima. Hay que tener en cuenta aquellas reglas que serán aplicadas para las acciones y su eventual mayor valor, en aquellos casos donde el divorcio se da entre cónyuges que se rigen por el régimen de comunidad de ganancias.

Zannoni hace referencia al mayor valor que hayan adquirido las acciones propias durante la permanencia de la sociedad conyugal, sostiene el principio de que “…en definitiva, no es sino el de que las cosas crecen y perecen para su dueño”. Agrega que ese mayor valor podría deberse al empleo de utilidades devengadas en ejercicios cerrados durante la vigencia de la sociedad conyugal.

Concluye Zannoni que “tales reinversiones han implicado sustraer utilidades de la distribución de dividendos, los que nunca han ingresado al patrimonio del socio. En consecuencia, sería incorrecto sostener que se está ante un caso asimilable a mejoras, qué generan un derecho de recompensa a favor del cónyuge del accionista al tiempo de la disolución de la sociedad conyugal. El mayor valor del patrimonio social en razón de la inversión de utilidades no distribuidas como dividendos no proviene del empleo de fondo gananciales”.(5)

El Código Civil y Comercial actual no regula el carácter de los dividendos ni de las ganancias de una sociedad en forma concreta, pero si realiza una enumeración de los bienes propios y gananciales, como ya hemos destacado. Es por ello que, ante la ausencia de una regulación específica, hay que recurrir a las normas generales relativas al régimen patrimonial y en especial las disposiciones que se ocupan de los bienes propios y gananciales, a fin de poder precisar los bienes gananciales generados por cónyuges empresarios.

El artículo 465 del Código Civil y Comercial, en sus incisos c), d) y f), establece que serán gananciales: “c) Los frutos naturales, industriales o civiles de los bienespropios y gananciales, devengados durante la comunidad; d) los frutos civiles de la profesión, trabajo, comercio o industria de uno u otro cónyuge, devengados durante la comunidad y e) lo devengado durante la comunidad como consecuencia del derecho de usufructo de carácter propio”.

Por su parte, el artículo 233 establece que son frutos los objetos que un bien produce, de modo renovable, sin que se altere o disminuya su sustancia. Ello implica que los frutos de los bienes propios de uno de los cónyuges son gananciales, aunque estos tengan la titularidad del cónyuge dueño del bien propio que los generó.

Cuando se otorga carácter de gananciales a los frutos de los bienes propios se desarrolla un proceso de suma importancia porque los mismos estarán destinados a ser divididos en partes iguales ante la disolución de la comunidad y, además, serán protegidos por una serie de acciones que buscan proteger esa ganancialidad.

Resulta pertinente tener claridad en lo que respecta al hecho de que, en el régimen de comunidad, el cónyuge del empresario tendrá derecho a que los frutos de la empresa o sociedad de su pareja sean considerados propios y también tiene acciones durante la comunidad que le permiten sostenerla ganancialidad.

Temas tratados en este artículo

  • Frutos de la sociedad de capital
  • Derecho a dividendos

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