202011.10
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Sociedades Simples o de la Sección IV sin contrato escrito: ¿mito o realidad?

ALEJANDRO C. MOUGHTY

I – INTRODUCCIÓN: LA NECESIDAD DE AGRUPARSE “DE HECHO”

Desde que el hombre es tal, ha buscado la forma de desarrollar sus actividades en forma conjunta con sus otros pares. Con el avance de las legislaciones, se ha tratado de ir dando cabida a esa necesidad humana, imprimiendo en los ordenamientos jurídicos las distintas formas de agrupamiento, sus requisitos, organización y consecuencias de hacerlo conforme a derecho.

Muchas veces el texto legal ha ido “delante del carro”, pero también otras tantas lo ha hecho “por detrás”. Ambos son destacables, lo que no lo es, es el querer doblegar al humano a no hacer lo que por su naturaleza hará: la regulación de las sociedades de hecho en nuestro país, es un cabal ejemplo de ello.

Vapuleadas desde sus orígenes en su texto regulatorio (art. 269(1), CCo. y luego L. 19550 de 1972), consideradas “hijas no deseadas” por el legislador, pero aceptadas dada la realidad económica y el libre fluir del comercio y los negocios, han sido castigadas una y otra vez por no cumplir “los preceptos impuestos por su padre”: la tipicidad.

Hoy día (más precisamente, a partir del 1/8/2015 con la entrada en vigencia de las leyes 26994 y 27077), con el actual régimen que las regula (arts. 21 a 26 de la ley general de sociedades 19550 -de acá en adelante LGS-), eso es historia del pasado, de un viejo y no muy grato recuerdo que quedará en las memorias de quienes vivimos esas épocas de un texto legal nefasto para la actividad empresarial de nuestro país.

II – ¿QUÉ SON LAS SOCIEDADES DE HECHO?

La doctrina mayoritaria las ha considerado tales a aquellas “que carecen de toda instrumentación y en las cuales los socios han prestado su consentimiento en forma verbal, para realizar una actividad económica determinada, dispuestos a repartirse las utilidades y soportar las pérdidas”(2).

En esa misma línea, se ha dicho que “es aquella conformada entre socios en virtud de relaciones fácticas y que no se encuentra instrumentada en un documento o instrumento orgánico a través del cual se regulen los derechos, obligaciones y relaciones entre dichos socios … se trata de una sociedad cuya existencia no requiere de documento ni instrumento alguno y en la que los socios han prestado su consentimiento en forma verbal o a través de cualquiera de los modos por los cuales puede expresar su voluntad -incluyendo acciones de hecho- para realizar bajo el régimen de sociedad una determinada actividad comercial, participando en los beneficios y soportando las perdidas”.(3)

Asimismo y bajo el mismo manto mayoritario, se ha sostenido que caracterizan a estas sociedades: “…a) la falta de contrato escrito (forma escrita del art. 4, LGS). Por consiguiente, no se cumplen los recaudos previstos por el artículo 11 de la ley. No obstante, puede existir otro tipo de instrumentalidad, con características de principio de prueba por escrito (recibos de uno de los socios, intercambios de cartas, reconocimientos, etc.).

b) Propósito de llevar a cabo una actividad mercantil común que se traduce en la formación del capital con el aporte de cada uno de los integrantes y, como es lógico, en la participación en los beneficios y las pérdidas.

c) acentuado carácter personal de la sociedad…”.(4)

Es claro que el denominador común resulta ser la falta de instrumentación por escrito que conlleva esta forma societaria. De ahí su nombre: de hecho.

Otros autores son más “laxos” en cuanto a la exigencia de la inexistencia de un instrumento escrito, al decir que “…reúne los elementos básicos de la sociedad (intención de desarrollar una actividad común, formación de un fondo social con aportes de los socios y decisión de participar en los beneficios y en las pérdidas), pero organizadas ‘de hecho’; es decir, sin apego a tipología legal específica -naturalmente, no inscriptas- y, en algunos casos (no como elementos caracterizante exclusivo), sin instrumentación mediante contrato escrito”(5).

Y más específicamente, “…aclaramos que las sociedades de hecho no solo se manifiestan por la inexistencia de un contrato escrito, pues este bien puede existir e igualmente puede darse el caso de que estemos ante una sociedad de hecho cuya existencia ha sido materializada por esta vía”.(6)

En rigor de los hechos, la conceptualización de estas sociedades hoy día es cosa del pasado. En efecto, en el texto actual de la ley de rito no están definidas, pero sí contempladas bajo el rótulo “De las sociedades no constituidas según los tipos del Capítulo II y otros supuestos” (arts. 21 a 26), aunque por descarte. Esto es así, puesto que no es posible imaginar que estas sociedades no encuentren regulación alguna en la ley “madre” que alberga a las mismas, lisa y llanamente imposible de siquiera considerarlo que no se encuentran bajo su tutela.

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